LA HIPOCRESÍA ARGENTINA
     
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ENRICO UDENIO| LA HIPOCRESÍA ARGENTINA| | |
 
LA HIPOCRESÍA ARGENTINA
   
 
O cómo frustrar un destino de grandeza
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Durante los siglos XVIII y XIX, las nuevas naciones organizadas que detentaban grandes extensiones territoriales se sentían portadoras de destinos de grandeza. Como no podía ser de otra manera, la totalidad de ellas se vio influida por el idioma, la cultura, las ideas políticas y la fe religiosa de sus colonizadores. Estados Unidos de Norteamérica y Australia bajo el campo de la influencia inglesa, la Canadá, anglo-francesa, el Brasil portugués, y las naciones del habla castellana marcadas por la impronta española.

Los inicios del siglo XXI encuentran a los grandes estados colonizados por Inglaterra y Francia entre los más desarrollados del mundo, mientras que las naciones iberoamericanas siguen luchando por encontrar su camino de crecimiento socio-económico.

En este libro, Enrico Udenio investiga el proceso de esta disparidad evolutiva, comparando, en especial, el desarrollo histórico entre la Argentina, Australia y los Estados Unidos.

El caso de la Argentina es el más impactante. Fabricó la utopía de que podría llegar a convertirse tanto en una nación líder de América Latina como en un país central en el contexto diplomático internacional, y terminó siendo uno de los fracasos institucionales más grandes de la historia moderna. Enrico Udenio explora sobre la responsabilidad que les cabe a todos con respecto a ello.

Se basa en la idea de que un pueblo no es inocente de aquello que le sucede y que un signo de adultez es hacerse cargo por las consecuencias de los propios actos. Una gran nación cuyo 34% de su población se concentra en una sola aglomeración urbana, Buenos Aires, generará un país macrocéfalo, imposible de progresar armoniosamente. Una nación, que declama ser “republicana y federal”, pero cada gobierno nacional somete invariablemente a las provincias mediante el uso discriminado de los recursos económicos provenientes de los impuestos nacionales, será una nación hipócrita. Un pueblo, como el argentino, que pregona el cumplimiento de la ley pero en realidad las cumple según las conveniencias del momento, engendrará una población hipócrita. Un pueblo que constantemente consume más de lo que sus posibilidades le permiten, promoverá su quiebra económica y, con ella, la ruptura moral de la sociedad.
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INDICE DEL LIBRO
- INTRODUCCIÓN
- PRÓLOGO

1. PRIMERA PARTE: LAS VARIABLES

LOS ORÍGENES
• El Representante de Dios en la Tierra
• La Cruz y la Espada
• Estados Unidos
• Australia

LAS RELIGIONES
• La Religión Protestante
• La Religión Católica

LAS CREENCIAS
• El Aprendizaje
• El Concepto de que lo Positivo es Inherente a lo Negativo
• El Precio Pagado

LAS IDEOLOGÍAS
• ¿Qué es una Ideología?
• Democracia y República
• Las Democracias Latinoamericanas
• La Oscilación Argentina
• La Elección Ideológica

EL DINERO
• Los Impuestos y su Utilización

LAS GUERRAS
• Las Guerras Civiles
• Las Guerras Internacionales en el Siglo Xix
• La Guerra de La Triple Alianza Sudamericana
• Las Guerras Indias
• Las Guerras Mundiales del Siglo Xx
• Un Mundo de Violencia

2. SEGUNDA PARTE: LA MACROCEFALIA ARGENTINA

LAS POBLACIONES
• Todo Comenzó con la Revolución Industrial
• La Relación entre Bienes y Personas
• La Distribución Demográfica

LA CONCENTRACIÓN POBLACIONAL
• El Federalismo Inexistente
• Los Sectores de Mayor Pobreza

EL IMPERIALISMO PORTEÑO
• La Capital de la República
• El Mito de la Pérdida Territorial
• El Territorio Conquistado
• La Independencia

LA EXTORSIÓN ECONÓMICA
• La Recaudación Aduanera
• El Campo Argentino
• Los Horrores Del Pasado

EL HOMESTEAD DEL SIGLO XXI
• Refundar la Geografía Argentina
• La Mudanza de la Capital Federal
• Un Proyecto Migratorio Posible

ESTADÍSTICAS
• Relacionadas con el Capítulo “Las Poblaciones”-
Sección “La Relación entre Bienes y Población”.
• Relacionadas con el Capítulo “La Concentración Poblacional”-
Sección “La Relación entre Bienes y Población”.
• Relacionadas con el Capítulo “El Imperialismo Porteño”-
Sección “El Mito de la Pérdida Territorial”.

3. TERCERA PARTE: CAMBIAR LA HISTORIA

EL PUEBLO NO ES INOCENTE
• Su Responsabilidad en la Argentina Actual
• El Canje Litigioso
• Un Pueblo Cautivo del Discurso Nacionalista
• Una Nación Es Su Pueblo

LA HIPOCRESÍA ARGENTINA
• El Hombre Fuerte
• El Rico Devenido en Pobre
• Sangre, Esfuerzo, Sudor y Lágrimas

EL ARTÍCULO PRIMERO
• Cambalache
• Mientras Tanto, la Casa se Hunde

A MODO DE EPÍLOGO

BIBLIOGRAFÍA



FRAGMENTOS DEL LIBRO
Una de las creencias más incorporadas a la cultura argentina es la de suponer que el país se ha regido durante el siglo veinte por las leyes del capitalismo por el sencillo hecho de que existieron la propiedad privada y el capital. Analógicamente, esto sería como decir que la sola existencia del cemento y del ladrillo es suficiente para construir una casa. (Fragmento del Capítulo “Las Creencias”)
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Podría decirse que a la Argentina la compone una sociedad neurótica, entendiéndose ésta como aquella cuyos habitantes se encuentran insatisfechos y compulsados a accionar de manera autodestructiva. Se trata de una sociedad cuyo pasado albergó un destino de grandeza, pero que en la actualidad no puede abastecer sus necesidades, desde las más básicas de vivienda, alimentación, salud, educación y seguridad hasta las más elevadas, las aspiraciones intelectuales y espirituales de sus miembros. Es una sociedad en la que sus integrantes no sólo no encuentran bienestar sino que experimentan sensaciones permanentes de amenaza. Ésta situación conduce al padecimiento de un estrés crónico cuyos síntomas habituales son la fatiga, la autopercepción de impotencia, la depresión, el adormecimiento y la falta de respuesta hacia los estímulos. Es una sociedad que construye creencias que la llevan a depositar en el afuera la causa de sus carencias. (Fragmentos del Capítulo “Las Creencias”)
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En la constante crítica que el argentino medio realizó durante la segunda mitad del siglo veinte contra las ideologías imperantes: el capitalismo y el comunismo, daría la impresión de haber dejado de lado el hecho de que las ideologías político económicas son construcciones teóricas realizadas por el ser humano y que, como toda creación del hombre, ésta no puede ser diferente a lo que éste es tanto en sus aspectos positivos como en los negativos. Del mismo modo en que se acepta al ser humano como totalidad, las ideologías deben ser aceptadas de manera integral. Cada una de sus polaridades vive gracias a la existencia de la otra. (Fragmentos del Capítulo “Las Creencias”)
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Si nos guiamos por los resultados, durante gran parte del siglo XIX la Argentina fue gobernada por una gran mayoría de funcionarios ineptos que, en lugar de conquistar y unir un territorio de grandes dimensiones, y poblarlo en cantidades equitativas uniendo sus voluntades detrás de un mismo proyecto, generaron profundas divisiones ideológicas que aún llegan hasta nuestros días y que han promovido una distribución despareja de la población y de la riqueza. (fragmento del Capítulo “Las Guerras”)
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Todos los países del mundo gozan de una distribución demográfica pareja en lo que respecta a sus principales ciudades, Argentina es la única excepción. No goza de ninguna de las ventajas mencionadas pues todos los caminos conducen y miran hacia Buenos Aires. La concentración poblacional en esta gran urbe llega a niveles absurdos con relación a la totalidad de su población. Los intentos de modificar esta vía en el pasado tuvieron destino de fracaso. Creo que, entre todos los males históricos que ha padecido, esta sorprendente y gigantesca macrocefalia se ha convertido en el peor obstáculo para su desarrollo. (Fragmento del Capítulo "Las Poblaciones")
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En el siglo XXI, cada vez más las máquinas robot serán las que cumplan los trabajos que antaño hacían los brazos humanos, lo que predeciría el hecho de que, en el futuro, la excesiva abundancia de una oferta laboral de estos brazos desencadenaría una irreparable abundancia de pobres. No pareciera existir en el mundo un sistema político económico que pueda solucionar este grave problema sin que medie un freno a la altísima tasa de natalidad que tienen los sectores más empobrecidos de la sociedad. (Fragmentos del Capítulo "Las Poblaciones")
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Caso curioso esta Argentina. Creció agropecuaria, fue el granero del mundo y se enriqueció con ello tanto que llegó a ser el séptimo país más poderoso del planeta. Después, sus políticos se hicieron cargo, década tras década, de desvalorizarla profundamente con el argumento, no exento de validez, del “injusto intercambio de nuestros productos primarios por los foráneos productos manufacturados”. Mientras tanto, en Australia, con más problemas de infraestructura que la Argentina debido a su mayor cantidad de territorio y menor cantidad de habitantes, sus políticos construyeron una nación poderosa basada en el potencial de su campo. Hoy exporta más productos agropecuarios que la Argentina. Nunca renegó ni desvalorizó a ese sector que sigue siendo hoy su principal riqueza. Además, como corresponde a los buenos estrategas, sus gobernantes utilizaron los excedentes de su riqueza agraria, para construir, poco a poco, una industria de excelente tecnología y en continuo crecimiento. (fragmento del Capítulo “La Extorsión Económica”)
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Al igual que las personas, una nación logra curar sus mayores males cuando cambia su propia historia, pues es la compulsión a la repetición la que la lleva a caer, una y otra vez, en los mismos errores del pasado. Si la Argentina no logra corregir la deformación distributiva de los recursos humanos que heredó de sus antecesores, le será muy difícil lograr un progreso firme en un futuro próximo o siquiera lejano. (Fragmento del Capítulo "El Homestead del Siglo XXI")
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Casi todas las exposiciones y análisis que investigadores y periodistas realizan sobre el proceso de involución del desarrollo argentino se exculpa generalmente a la población, señalando que ella es una inocente víctima. La identidad de los culpables varía según la ideología del que lo señala: la manipulación de los países poderosos, los populistas ambiciosos del poder, los perversos conservadores, liberales, fascistas, izquierdistas totalitarios, neoliberales, ingenuos progresistas, políticos corruptos, empresas expoliadoras de la riqueza, extranjeros codiciosos, la curia católica reaccionaria, los militares golpistas, la España colonizadora de los reyes, son sólo algunos de los tantos “malvados” que pulularon y aún proliferan por el mundo, aparentemente obsesionados por someter a los argentinos.
Si aceptáramos sólo una porción de todas estas maquinaciones como probable realidad, resultaría altamente llamativa la cantidad de energía que el mundo insumió e insume en el objetivo de dominar a la Argentina. (Fragmento del Capítulo “El Pueblo No Es Inocente”)
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Una creencia que encierra una paradoja y esconde una actitud hipócrita, es la de la necesidad y conveniencia de la aparición de un líder, fuerte y popular, para que, justamente, se ocupe de crear y custodiar a las instituciones.
Es que, si este conductor ideal, apareciera, no sería una garantía de desarrollo social y político, pues ocuparía el doble rol de “salvador y carcelero” al generar la inevitable dependencia que deriva del hecho de que el poder de los líderes no se transfiere. En estas circunstancias, me permito asegurar, sería un imposible pues, para ese hipotético líder, construir buenas instituciones significaría renunciar a su monopolio del bien y con ello, a su estilo de liderazgo fuerte. Por el contrario, el poder de las instituciones se mantiene independientemente de quienes sean los que las conducen. (Fragmento del Capítulo “La Hipocresía Argentina”)
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Durante la primera mitad del siglo veinte se propagó la creencia de que la Argentina era tan extremadamente rica que las demás naciones desarrolladas se esforzaban continuamente para lograr su sometimiento y así, poder robarles esa riqueza.
Este sentimiento mostró un elevado nivel de narcisismo, los argentinos veían al país como el “centro del mundo” y, desde un discurso nacionalista, promovían la idea de la necesidad de defenderse de la rapacidad de los de afuera. De este modo, la pobreza existente en la Argentina era el resultado de su sumisión al imperialismo foráneo, por lo que, la oposición al mismo parecía abrir las puertas de acceso a la riqueza nacional. La realidad demostró lo erróneo de esta idea con la experiencia de las posteriores e interminables crisis políticas, económicas y sociales que vivió la Argentina desde 1930, a pesar de haber llevado a cabo una constante oposición y prédica contra el imperialismo capitalista. La adhesión a esa creencia tuvo un nefasto efecto colateral en el ciudadano argentino: se comportó como si su riqueza fuera cierta y gastó siempre a cuenta de la futura abundancia que el discurso megalómano promovía. (Fragmento del Capítulo “La Hipocresía Argentina”)
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En general y desde cualquier lugar que uno quiera observar, el argentino transita por una vida ficticia, muy similar a la de un ex rico, que infructuosamente se esfuerza en esconder su devenir en pobre. (Fragmento del Capítulo “La Hipocresía Argentina”)
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La letra del famoso tango “Cambalache” no se escribió en el año 2000. Su autor, Enrique Santos Discépolo, la hizo en 1934. Era el reflejo del país de entonces y fue esa la Argentina que engendró todos los desgobiernos que se sucedieron durante los siguientes setenta años. Claro, cuando la incoherencia queda circunscripta al ámbito familiar, laboral o afectivo, los daños derivados de la misma están acotados al micro mundo del individuo. Pero, cuando ésta alcanza a la administración pública, su daño se potencia al expandirse a través del poder que emana del Estado. Podemos deducir que el continuo cambio de las “reglas de juego” en la sociedad muestra, ni más ni menos, el desorden emocional, ideológico e intelectual que sufren sus habitantes. (Fragmentos del Capítulo “El Artículo Primero”)
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... para encontrar el camino que lleve a la Argentina a cumplir con su perdido destino de grandeza, se necesita volver a sus orígenes para, desde allí, cambiar la historia. De la misma manera que se sube una escalera, se puede comenzar ese desafío con el primer peldaño de la misma: hacer realidad el nunca bien cumplido artículo primero de la Constitución del país que dice que“La Nación Argentina adopta para su gobierno la forma representativa republicana federal, según lo establece la presente constitución”. (Fragmentos del Capítulo “El Artículo Primero”)
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